Presencia eterna

Presencia eterna

Tomar conciencia del mundo que nos contiene y nos circunda es fundamental para recuperar nuestro poder.

Si nos damos cuenta que somos parte de una unidad, que es parte de una unidad mayor, en una cadena infinita, nos enfrentamos a una realidad eterna, que es propia.

La misma tecnología que nos enceguece nos evidencia que somos parte ínfima de un universo inconmensurable e inter-relacionado, que conforma un todo vibratorio y circular de energía en constante movimiento, y que cualquier pulsación que surja en éste repercute en el todo.

Este panorama agigantado que la tecnología nos ha facilitado ha develado una nueva conciencia cósmica- holística, siendo el “holos” un todo en el que las partes reflejan el mismo todo. Entonces nos comprendemos integrados a un contexto infinito donde se explica “la imagen y semejanza” que existe como esencia en nuestro Ser. El propio organismo expresa el orden universal, pero también en él subyace la conciencia inteligente “de todo lo que es” vale decir Dios.

Si el cosmos no actúa por azar y hay una conciencia del todo intrínseca en su movimiento vibracional, esta misma conciencia está latente en cada partícula del cuerpo humano. A partir de esta realidad entramos de lleno en nuestra propia espiritualidad, que no es otra cosa que mirar hacia dentro y descubrir al propio observador que nos habita, testigo de cada experiencia vivida.

Mirarse interiormente es conocer el universo y su origen cósmico, es descubrir los propios ciclos evolutivos que se experimentan en la vida de forma circular. Donde el final de un giro da comienzo a otro con nuevas perspectivas. Etapas que se cumplen para emprender nuevas y más amplias en una elíptica incesante e infinita de crecimiento personal y grupal.

Conocernos habitantes de un universo vibrante, con un patrón claro de unidad, nos permite ver la trascendencia de nuestra vida. Todo se haya unido por una maya energética inteligente en la que nos influimos mutuamente, incidiendo uno en el otro. Alimentando la conciencia de masa, en vibraciones circulares y expansivas. Nada ni nadie está separado, todos conformamos una gran creación cuya magnitud es imposible de apreciar con una mente velada, que en vigilia, solo funciona a la capacidad de un diez por ciento.

La humildad surge inevitable. El corazón nuevamente lleva la delantera con su sabiduría que puede presentir y recibir más allá de la mente limitada. La sabiduría, que es mucho más que conocimiento a secas, se encuentra en la eternidad interna, allí nos ubicamos en un centro propio que nos une al eje mayor. Nos integramos al gran viaje cuyo derrotero está inscrito en el alma. Aquella esencia inteligente de vida atómica y subatómica que conforma nuestra presencia corporal y espiritual (sentimiento, pensamiento y emoción).

Sin duda caemos en constantes círculos insanos que nos atrapan, de los cuales pareciera imposible salir, desconociendo que el poder surge de nuestro centro, vale decir, Dios.

Sin embargo es tiempo de saber que los sentimientos negativos son frutos de un corazón individualista y producen pensamientos desconectados de Dios, esto nos impide fluir en el campo unificado e inteligente de la fuente y nos retribuye fracaso, soledad y vacío.

Volvamos a la fuente y despertemos en Dios

Por Marisol stevens

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *