El misterio del presente eterno

El misterio del presente eterno

La búsqueda interminable

A medida que el hombre ha tenido acceso a mayor tecnología ha podido llegar más lejos en su búsqueda de conocimiento y es precisamente ahora en los albores del siglo 21, cuando a través de la física cuántica, ha podido intuir el poder que subyace en la mente, que es, en definitiva, la conciencia que recrea el mundo material que nos rodea.

En el viaje de reconocimiento a través del tiempo se han encontrado patrones recurrentes programados por una “suerte” de mente primigenia que todo lo contiene, desde los más recónditos y microscópicos organismos celulares, atómicos y subatómicos hasta los universos inalcanzables para el ojo humano, todos ellos intrínsecamente unidos por una conciencia abismal de sistemas que se contienen unos a otros, desde los más infinitesimales hasta aquellos inexplorados de la inmensidad del universo.

Ha sido una larga carrera a través del tiempo, desde que la humanidad inició su recorrido, sin embargo son los últimos cincuenta años los que han brindado los mas grandes hallazgos científicos y tecnológicos, los mismos que nos han impulsado hacia niveles cuánticos que desvelan una grandeza propia, un potencial sin límites que nos re-ubica en el cosmos, un mundo nuevo para descubrir y conquistar.

Aunque la humanidad se mueve lentamente respecto del mundo de avanzada, porque el conocimiento es de tal envergadura, que ni los mismos precursores saben como manejarlo. No es fácil cambiar la marcha, mucho menos la conciencia de masa. Insertar el nuevo paradigma en el sistema requiere más que simples ajustes, hablamos de cambiar el disco duro.

La gran mayoría del mundo vive y consume indiscriminadamente, no reflexiona, ni se cultiva de ningún modo. Muy lejos de saber lo que esta ocurriendo verdaderamente, se ven limitados y conducidos por el sistema que provee información, estrictamente conveniente, a través de programas informativos y noticiosos que alimentan la morbosidad y el temor.

Pensando solo en satisfacer sus necesidades, este hombre “moderno,” ha destruido el ecosistema sin conciencia ni medida buscando saciar deseos que hoy le pasan la cuenta.

Muy atrás quedaron los filósofos griegos con su reflexión inspiradora, la masa se ha enfocado en otros temas, especialmente el consumismo, que es el más satisface sus sentidos.

Hoy el cuerpo lleva la delantera, y la mente se ha entregado a los placeres. El culto al cuerpo es el que mas adeptos tiene, cada empresa con su producto abraza la misma fe y atrae a otros muchos. Los mismos comerciantes que han engordado a la población son los que ahora la quieren adelgazar, promoviendo un cuerpo perfecto.

Insertarse en el sistema equivale a perder la conexión propia. Aprender valores y reglas que rigen la vida colectiva, con la única tarea de “optar por lo más conveniente” que, por lo demás, ya está indicado por adelantado.

Pero es la naturaleza del ser humano, necesitamos pertenecer, ser parte del grupo, por lo tanto nos empeñamos toda la vida por lograrlo. La identificación de grupos de pertenencia se inicia en la niñez y para la gran mayoría prevalece hasta el final.

Las inquietudes y dudas sobre la existencia son contestadas por el grupo, a través de religiones y cultos que son aceptados en las diferentes culturas, después de ello, son muy pocos los que aún se molestan en cuestionar. Dejarse llevar es la actitud general.

Sin embargo, y paralelo a los nuevos descubrimientos que surgen en las ciencias vanguardistas, se encuentra una minoría que avanza a pasos agigantados. Se trata de corrientes que hablan de un despertar de la conciencia, grupos que están actualizando y desenterrando conocimientos herméticos e iniciáticos de culturas olvidadas.

Y es que acunadas en pasados remotos aún esperan ser recuperadas sabidurías ancestrales que nos aclaren la conciencia dormida. Conocimiento que la ciencia moderna ha subestimado y que plasmado en las ruinas arqueológicas de civilizaciones olvidadas nos hablan de una ciencia que convive con los acontecimientos circundantes, con los porqués y los cómo que hayan respuesta en el corazón invisible de toda vida orgánica y que surge a partir de ella sin perturbarla.

Se trata de civilizaciones que descubrieron la “sabiduría divina”, aquella que reside en el centro de cada fruto de esta tierra y tiene su reinando en el corazón de cada hombre. Un tipo de germen o semilla cultivable en la mente y que por medio del espíritu despierto obtiene la clave para discernir la verdad inscrita en cada célula de su ser.

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