Abriendo la puerta del Ser
No hemos luchado las propias batallas, hemos rodado en el contingente de banderas auto-impuestas, por falta de conciencia de la propia verdad, de los propios sueños, de las propias ganas. El temor ha sido el señor, el temor a la carencia, a la vulnerabilidad de la pequeñez. Sin descubrir nuestra grandeza hemos bloqueado todo vestigio de rebeldía sana. El precio de la civilización ha sido la docilidad y la falsa, e inútil, humildad que apagan prematuramente al creador interno.
La valentía, el idealismo y la pasión son valores inherentes al Ser, pues quien vive desde ellos está conectado a sí mismo. Éstos nos proporcionan recursos inagotables para enfrentar los desafíos que surgen en el camino. Legando y compartiendo frutos de sabiduría y amor infinito, los mismos que proporcionan la evolución de la colectividad de un corazón vivo y conectado que eleva la vida de todos.
Florecer en la propia verdad, en la propia pasión que llena de significado e intención cada latido que nos suma vida, es mover energía que conmueve el entorno. Una realización individual que alimenta el progreso mutuo, luz que alumbra el rumbo de los que vamos mejorando en y por la nueva Tierra.
Por Marisol Stevens