La Santísima Trinidad
El hijo de Dios es parte de la santísima Trinidad, pero la Trinidad en si es una sola entidad.
Cuando estamos gobernados por el ego no somos libres, estamos aprisionados por la propia mente inferior. Esta mente egótica con sus reflexiones, desconfianzas y temores en general nos derrota y nos deja separados de la parte mas importante y trascendental de nuestro verdadero ser, esto es la filiación.
La filiación implica la unión familiar humana y la unidad con el todo. No se trata solo de una unión voluntaria y solidaria, se trata mas bien de nuestra verdadera realidad, que somos una parte de ese todo, del mismo modo que un organo de nuestro cuerpo es parte nuestra, nos necesitamos mutuamente. No podemos aprender ninguna lección sin maestro y eso es lo que somos unos con otros, maestros del dolor y de la compasión.
Comprender esto facilita mucho la percepción verdadera de nuestro hermano y de nuestro entorno en general. Si estamos insertos en un plan de aprendizaje y evolución, entonces todo lo que percibimos constituye los distintos elementos de este plan, y nada estaría fuera de lugar, ni seria digno de critica o juicio.
Dios (y todo lo que es) es una mente y una sola voluntad, nada esta fuera de el, y la unidad que conforma con cada organo de su todo es la trinidad, Padre, hijo y espíritu santo.
a voluntad y la mente son una, como un mar infinito en el que cada uno se mueve y respira (mente y voluntad una), pero al estar encerrados en la propia mente individual, carnal e inferior no estamos respirando bien, estamos muriendo sin saber porqué.
Este propósito único crea perfecta integración y establece la paz de Dios. Pero esta visión solo la pueden percibir los verdaderamente inocentes.
Para liberarnos de la prisión de nuestra mente egótica tenemos que ver mas allá de ella y darnos cuenta que nuestra separación es ilusa. Que creemos estar seguros al proteger nuestras fronteras y lo único que estamos logrando es fortalecer nuestra prisión enfermiza.
Liberémonos de temores, de ataques y defensas y seamos una bendición para nuestro entorno, para nuestra familia humana aquí y ahora. Que cada uno se sume en la cruzada de amor, que nuestra humanidad y madre Tierra tanto necesita.
Cuando salimos de la limitación del ego nos empoderamos y nos volvemos hacedores de milagros y si la fuerza creativa de luz y amor se suman entonces nuestra humanidad y nuestro planeta tienen mas posibilidades de avanzar rapidamente y con menos pérdidas.
Depertemos la santísima Trinidad y seamos hacedores de paz.
Marisol Stevens.