La palabra viva

La palabra viva

Cuando nos conectamos a la fuente de amor infinito e ilimitado, que solo puede ser canalizado por el corazón de una mente despierta, nuestro poder creador aumenta considerablemente, la sincronía con el entorno es una clara evidencia de la sintonía con el universo porque comienzan a surgir situaciones llenas de magia y amor que acentúan las ganas de vivir, sin por ello apegarnos a la vida, puesto que el temor a la muerte ha desaparecido.

El fuego del amor nos vuelve más luminosos y productivos, un poder nuevo ha germinado y con ello el verbo revive. La palabra se torna expresión viva y poderosa, otra herramienta que el hombre posee y ha desarrollado a lo largo de su proceso evolutivo, a la cual no brinda la importancia que tiene.

Las ideas expresadas en frases y oraciones cargadas de sentimiento e intención son lanzadas, sin más, ocasionando reacciones en cadena que finalmente son devueltas.

El génesis bíblico da una idea del poder que la palabra contiene, no se trata solo de un sonido, la palabra es planteada allí como una fuerza poderosa que moviliza a la materia que yace en desorden, creándose con ella los cielos y la tierra y en éstos toda la creación planetaria.

En este tipo de palabra subyace la fuerza de una idea que, previamente proyectada en una mente inspirada, luego es verbalizada produciendo los efectos deseados con infinita precisión.

La palabra es sonido, y como tal contiene una frecuencia, ésta a su vez varía de infinitos modos como infinitas las reacciones que puede desencadenar, del mismo modo que el canto y la música inciden grandemente en la animosidad del individuo.

Nuestras pulsaciones se expanden y repliegan en una constante infinita, porque somos ritmos de una misma sinfonía donde la armonía individual se quebranta buscando el ritmo que calce con todo lo que es, porque con una conciencia dormida somos solo un cuerpo y mente intentando encontrar el equilibrio natural en el caos social, familiar e individual que nos proporcionamos al olvidar nuestra naturaleza divina, que es la sabia elemental.

En la medida que fluimos o nos oponemos al pulso de la vida, que se manifiesta en cada uno, conquistamos o perdemos la armonía psico-física. El cuerpo manifiesta los efectos de la actitud que tenemos frente a nuestro fuego interior en un constante devenir de cambios emocionales que repercuten en la salud.

A través de la palabra manifestamos nuestros sentimientos y deseos que sin tomar conciencia expresamos muy pobremente. Comunicación pobre produce vida pobre que alimenta mente y organismo de vibraciones de bajas frecuencias y motivos de descontento e intranquilidad.

Sin contacto con la fuerza interior, sin la quietud necesaria para escuchar la voz interior y sus deseos más profundos, la palabra surge sin verdad, sin sentido ni intención, solo el deseo de hacer motiva al individuo que busca el “éxito” como único fin, mirando su entorno sin ver ni sentir su verbo es palabra muerta. Como resultado la vibración se mantiene negativa y la salud por debajo de lo deseable, sin revertir ni polarizar se provoca el descenso, envejeciendo, enfermando, sufriendo y muriendo día a día.

Como el silencio precede la palabra, así también es mejor buscar la quietud y la reflexión que permite escuchar lo que dice el alma, de ésta surge la voz poderosa, sanadora y vivificante. El contacto interno y personal, producto de la meditación y contemplación, produce una palabra viva llena de intención y voluntad que a su vez se suma al colectivo humano elevando la calidad de éste.

Las guerras y conflictos humanos son resultados de una mala comunicación y no toda radica en la palabra dicha, una frase reprimida es veneno que carcome y en su tiempo da un fruto muy amargo.

No existen frutos aislados, todo es para todos, somos un colectivo humano en vías de evolución, aunque cada uno transite su propio instante todos sumamos en este planeta que nos contiene.

Nuestro verbo nos unifica, nos permite expresar y compartir el sentimiento y fuego propio para conjugar vida, desde el llanto del recién nacido hasta el discurso más solemne.

Imposible vivir aislados, incomunicados y solos sin expresar el amor que contenemos, el mismo que podemos sentir y conocer a través del reflejo que el prójimo nos proporciona, nuestro más importante espejo, la familia humana toda.

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